Los presidentes conversaron por teléfono, horas después de que Xi hablara con Putin, en un contexto de relación bilateral estabilizada tras un acuerdo comercial.
Los presidentes de Rusia y China calificaron su relación como “ejemplar” y prometieron una coordinación más estrecha en política exterior, en medio de sanciones occidentales y tensiones geopolíticas.
El presidente uruguayo, Yamandú Orsi, y su homólogo chino, Xi Jimping, se encontraron este martes para afianzar la relación comercial. Latinoamérica, un eje de su conversación.
Starmer declaró que él y Xi habían dialogado sobre la reducción de los aranceles sobre el whisky y la cooperación en la lucha contra la inmigración irregular.
El desfile de políticos se produce meses después de que Trump sellara una tregua arancelaria con China que apaciguó las tensiones entre las mayores economías del mundo.
Una relación mermada significa ahora que es improbable que Pekín se enfrente a Trump mientras EE.UU. busca extender su influencia económica en Venezuela.
El máximo diplomático chino propuso específicamente “un nuevo paradigma de interacción positiva” con Washington, aunque reiteró la oposición de Pekín a la venta de armas estadounidenses a Taiwán.
Detrás de las victorias diplomáticas, Xi enfrenta numerosas preocupaciones internas, desde vulnerabilidades estructurales de la economía hasta una purga de personal que ha alcanzado lo más profundo de la élite militar y del partido.
La decisión de aplazar la imposición de nuevos aranceles es la última señal de que la administración Trump busca estabilizar los lazos con China y solidificar el acuerdo que Trump y Xi alcanzaron en Corea del Sur.
El líder republicano concedió el martes a la empresa más valiosa de Estados Unidos el permiso para exportar su chip avanzado H200 a China, suavizando años de salvaguardias de seguridad nacional.
Trump autoriza a Nvidia a vender el chip H200 a China con un recargo de 25%, reabriendo un mercado multimillonario y desatando críticas en el Congreso.
Pekín está sopesando los aranceles como posible represalia por la decisión de la Unión Europea el año pasado de imponer aranceles de hasta el 45% a los vehículos eléctricos fabricados en China.